Publicado en carga de la prueba, concurrencia de culpas, Culpa, objetiva o por riesgo, Responsabilidad

Accidente ciclista en zona de obras. Concurrencia de culpas

Audiencia Provincial de Zamora, sentencia 47/2005, de 4 marzo (civil)

Hechos: accidente de ciclista en obras en la calzada. Riesgo previsible

Consideraciones jurídicas: responsabilidad objetiva. Prueba. Concurrencia de culpas, ciclista 30%

“En relación con la concurrencia de una actuación culposa o negligente por parte del demandado, la jurisprudencia ha venido manteniendo la tendencia hacia la objetivización de la responsabilidad extracontractual que se ha concretado en lo que se ha denominado inversión de la carga de la prueba, de forma que corresponde a la parte demandada la carga de probar que en su actuación o actividad se adoptó toda la diligencia exigida para evitar posibles daños a terceros. En este caso la actividad de la parte demandada consistió en llevar a cabo la ejecución de unas determinadas obras en una calzada del casco urbano del pueblo de Villavendimio, por la que transitaban personas y vehículos y en la que, por tanto, era previsible que pudieran producirse algún tipo de problema en el caso de que en la calzada o en las aceras permanecieran restos de barro o arena, dado que esos restos hacen la calzada y la acera resbaladizos. Se trata pues de determinar si las condiciones en las que estaba la calzada cuando se produjo la caída de la bicicleta del demandante eran las adecuadas y exigidas para la circulación por ella de las personas o vehículos como una bicicleta. (…). Esas fotografías ponen de manifiesto que las condiciones de la calzada no eran las más adecuadas para el tránsito de las personas y de vehículos como las bicicletas que por apoyarse en dos ruedas hace que se pierda el equilibrio fácilmente al rodar por superficies resbaladizas./ Así pues, la concurrencia de culpa o negligencia por parte de la demandada resulta acreditada”. (FD 2).

“En cuanto al último de los requisitos relativo a la relación de causalidad, la exigencia de prueba por la parte actora debe estar presidida por los principios de la racionalidad y de la lógica, no siendo posible la existencia de una prueba que resulte imposible para la parte actora. Si dicha parte alega en su escrito de demanda que la caída se produjo en dicha calle y resulta que se produce una actividad inmediata por parte de la misma tendente a la prueba de dicho hecho, lo que se pone de manifiesto por la propia actuación del Ayuntamiento sacando las fotografías que se han unido a los autos, lo que no puede exigírsele es la prueba de que el accidente no se ha producido en otro lugar, porque ello constituye un acto de carácter negativo cuya prueba no puede exigírsele y si no existe ningún dato que pueda hacernos dudar de que ello fue así no ha lugar a ponerse en duda dicho hecho.

El que hayan existido ciertas contradicciones con el testigo aportado por la actora en cosas concretas como si el actor frecuentaba o no dicha calle y en relación a como se explica una caída que se produce en segundos, siendo muy difícil apercibirse de todos los detalles de lo que sucede, no puede concluirse la inexistencia de prueba de que la caída se produjo el día que se dice y en la calle que se menciona en la demanda. Así se afirma por la actora, el ayuntamiento realiza fotografías de la calle el mismo día en que se produce la caída del actor y el testigo lo corrobora.

El paso siguiente es el de determinar si concurre prueba o no de si en la caída del demandante de la bicicleta tuvo o no incidencia el estado de dicha calle. Lo que se plantea por la Sentencia de instancia no es ni más ni menos que la exigencia de prueba a la actora de que ante una situación objetiva de riesgo para el tránsito de personas y bicicletas en la calle por la no adopción de medidas por la empresa que había creado el riesgo, de que fue ese estado de cosas el que causó la caída del demandante y que no intervinieron en ella otros factores, de nuevo elemento negativo cuya exigencia de prueba no es procedente. Si partimos de la concurrencia de una situación de riesgo objetivo y de la causación de un daño y no existe ningún dato que ponga de manifiesto la concurrencia de otra circunstancia externa que haya podido ser causa de ese daño, la conclusión racional es la de que en el daño ha tenido influencia aquella.

Cosa distinta es si al evento dañoso pudo influir la propia conducta del demandante por la previsibilidad del riesgo y en este punto si debe tenerse en cuenta la contradicción entre el actor y el testigo, poniéndose de manifiesto que el demandante frecuentaba la calle y por ello podía conocer el estado de la misma y el riesgo de caídas que pudiera existir al circular montado en la bicicleta. En este punto y partiendo de que es a la parte que causa el riesgo a la que incumbe la adopción de las medidas precisas para eliminarlo y por tanto es a ella a quien corresponde la mayor responsabilidad en el resultado dañoso, el hecho de que las condiciones de la calle podían ser apreciadas a simple vista y apreciado el riesgo de caída para la circulación con bicicleta, estimamos que en la conducta del demandante también tuvo influencia en el resultado dañoso, fijando dicha contribución en un 30%.” FD 3)

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